Las Cartas y Memoriales de Francisco Palomino. Una perspectiva desde los derechos humanos

Las Cartas y Memoriales de Francisco Palomino.

Una perspectiva desde los derechos humanos.[1]

 

Jorge Fernández Mendiburu

Equipo Indignación, A. C.

 

Chablekal
Asamblea de la Unión de Pobladoras y Pobladores por la Tierra, Territorio y Recursos Naturales, en Chablekal

Antes de abordar algunas ideas específicas sobre el contenido del libro Cartas y memoriales de Francisco Palomino, defensor de indios de Yucatán, una voz crítica del sistema colonial (siglo XVI), editado por Caroline Cunill (Cecidhy/Segey/Siies, 2006), quisiera hacer una breve reflexión general sobre la importancia de materiales como el que hoy se presenta, desde la óptica de alguien que se ha dedicado a la defensa y promoción de los derechos humanos, y donde uno de los ejes principales de esta labor es el acompañamiento de aquellas comunidades y pueblos originarios que reivindican sus derechos culturales.

La defensa de los derechos humanos tiene, en la actualidad y desde mi perspectiva, un déficit muy importante que hace que el discurso carezca todavía de los alcances emancipatorios que se esperarían de la lucha por generar condiciones de igualdad y justicia para diversos sectores de la sociedad.

Ese déficit, en buena medida, lo atribuyo a la falta de conocimiento sobre las distintas luchas y los momentos históricos que nos permitan explicar cómo es que hemos logrado en la actualidad construir un marco normativo a nivel nacional e internacional que, cuando menos sobre el papel, establece una serie de derechos para las y los ciudadanos y obligaciones para los Estados nacionales, con el objeto de poner freno a las injusticias y generar mayores condiciones de igualdad. Y cuando me refiero a los momentos históricos no me remito a los que tradicionalmente se enseñan en el estudio de cualquier materia de derechos humanos, a saber la Carta de Juan sin Tierra en Inglaterra, la revolución francesa o la construcción del entramado de Naciones Unidas después de la Segunda Guerra Mundial; sino que me enfoco en aquellos movimientos o batallas que colectivos, comunidades y personas han realizado a favor de la reivindicación de la dignidad humana, en contextos muchas veces complejos y que, en no pocas ocasiones, los llevan a jugarse la libertad e incluso la vida. Me refiero a esas luchas generalmente invisibilizadas o infravaloradas, pero que han jugado un papel trascendental al momento de denunciar y exigir condiciones de igualdad y dignidad para determinados colectivos y que, sin duda, son pilares básicos en la construcción de un nuevo discurso y un cada vez más amplio catálogo de derechos.

Me parece que cuando los estudiantes y/o abogados que se especializan en derechos humanos en la actualidad hacen referencia a algún tratado internacional o jurisprudencia de la Corte que protege, por ejemplo, derechos de los pueblos originarios, poco tienen en mente la influencia que personajes como Fray Francisco de Vittoria, Fray Bartolomé de las Casas o Francisco Palomino tuvieron en su momento histórico en la defensa de derechos de estos pueblos, ni tampoco procesos de reivindicación y resistencia cultural como la guerra de castas o, más recientemente el levantamiento zapatista en Chiapas.

FBC
Fray Bartolomé de las Casas

Ese desconocimiento del sentido y del costo humano de las luchas, no ponerle cara y nombre a quienes han cuestionado las sistemáticas violaciones que se cometen contra colectivos o pueblos enteros, es una de las causas que priva, desde mi perspectiva, del elemento político y emancipatorio al discurso actual de derechos humanos, situándolo sólo en el campo de la batalla legal, como si los derechos ya existieran así, desde siempre.

El otro comentario general que quisiera de manera breve señalar en torno al libro que se presenta, tiene que ver con algo que estudiosos como Aníbal Quijano y Enrique Dussel, por mencionar algunos, han señalado en torno a cómo el proceso de colonización de la “Nueva España” fue, a su vez, el arranque formal, a nivel mundial, del sistema y modo de producción capitalista que, guardando las debidas proporciones, sigue asentado bajo los mismos pilares que Francisco Palomino expone en sus cartas de denuncia al referirse a la situación de explotación que vivían los mayas en la época colonial: esclavitud humana y explotación irracional de los recursos naturales.

Ese desconocimiento del sentido y del costo humano de las luchas, no ponerle cara y nombre a quienes han cuestionado las sistemáticas violaciones que se cometen contra colectivos o pueblos enteros, es una de las causas que priva, desde mi perspectiva, del elemento político y emancipatorio al discurso actual de derechos humanos, situándolo sólo en el campo de la batalla legal, como si los derechos ya existieran así, desde siempre

Cuando Palomino narra en distintos pasajes de sus cartas las brutales cargas laborales que tenían que soportar los mayas en aras de la ganancia de ciertos funcionarios coloniales, no puede uno dejar de pensar en las situación actual que viven, por ejemplo, muchos hombres y mujeres de comunidades indígenas que tienen que migrar para obtener trabajos generalmente mal pagados y en condiciones donde la seguridad social brilla por su ausencia. Otro elemento muy familiar es cómo este capitalismo colonial narrado por Palomino trae aparejado el tráfico de influencias, en dónde encomenderos, gobernadores y personal del clero tejen redes de complicidad para satisfacer intereses personales soportados bajo la explotación de los recursos naturales y humanos.

Como decía anteriormente, la historia sirve para mirarnos en el espejo de la actualidad. Y diversos pasajes citados por Palomino en épocas tan lejanas nos remiten, infortunadamente, a situaciones por demás actuales, en donde pareciera que el tiempo no ha transcurrido y en donde los encomenderos y gobernadores, hoy quizá con otros nombres, pero aparentemente bajo las mismas reglas e intereses, siguen, en aras del discurso de desarrollo, violando derechos básicos al pueblo maya.

Como eje central de sus cartas, Palomino denuncia la grave situación de esclavitud que viven los mayas, situados en las condiciones más miserables en cuanto a acceso a bienes y servicios. Los testimonios brindados por Palomino nos acercan a lo que podríamos definir casi como etnocidio, en donde a la explotación laboral, manifestada no sólo en las grandes distancias que los trabajadores debían que transitar para laborar, las extenuantes horas de fajina y la realización de los trabajos más pesados como el cultivo del añil o la explotación del palo de tinte, se agregaban los exorbitantes tributos que tenían que dar a cleros y encomenderos, situación que los sumían en la pobreza más extrema.

No son pocos los testimonios que Palomino aporta en sus denuncias, presentadas tanto al Rey como al Consejo de Indias, en donde narra la muerte de muchos trabajadores mayas por las deplorables condiciones laborales en las que se encontraban, aunado, sin lugar a dudas a su pésima condición socioeconómica. En 2015, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) emitió su Informe de Resultados de la Medición de la Pobreza 2014. En dicho documento determinó que la pobreza extrema había aumentado en la entidad y que los municipios más afectados eran Tahdziú, con el 91.5% de su población en pobreza, el 56.5% de ella en la condición de pobreza extrema; Chikindzonot, con el 90 y el 51.8%, respectivamente; Mayapán, con el 89.8 y el 44.7%; Chacsinkín, con 89.4 y 34-7%, y Chemax, con 89.1 y 50.4%, todos mayas, todos marginados.

Pareciera ser que las circunstancias económicas de la población maya no han variado demasiado. Tampoco creo que mucho las laborales. Basta referirse a las condiciones en las que, por ejemplo, trabajan hombres mayas en las empresas papayeras en el sur del estado, en donde sin la más mínima protección, conviven con agrotóxicos en largas horas de trabajo. Los agrotóxicos, dicho sea de paso, afectan principalmente a las comunidades mayas. El incremento de la agroindustria en diversas regiones de la península ha traído aparejada la pérdida de prácticas culturales trascendentales además de la contaminación y deforestación del territorio indígena. Algo parecido a lo que denunciaba Palomino al referirse al extenuante trabajo al que se sometía a los mayas que les impedía, por ejemplo, poder sembrar en la época de cosecha del maíz.

Y si a condiciones laborales nos referimos, es fundamental retomar la representación que Palomino hace del trato hacia las mujeres indígenas a quienes encomenderos, funcionarios y otras familias, obligaban a servir en sus casas, muchas veces apartándolas de su familia y de sus hijos. Las mujeres del servicio, denunciaba Palomino, eran prácticamente secuestradas y obligadas al trabajo doméstico, muchas veces como parte de la servidumbre, otras como nodrizas. No eran pocos los casos de mujeres mayas violadas (forzadas diría Palomino).

Dicha referencia también guarda un paralelismo con la actualidad. Toda familia yucateca que se precie de ser clasemediera cuenta con una “muchacha”, muchas veces adolescente, que realiza labores del servicio. La mano de obra es generalmente reclutada de alguna comunidad o pueblo del interior del estado. A 500 años de los hechos narrados por Palomino, la mujer maya sigue teniendo como único horizonte, a criterio de muchos, el ser servidumbre.

En el tema de justiciabilidad Palomino narraba, entre otras cosas, las nulas condiciones de acceso a la justicia que tenían los habitantes mayas en la colonia. En el documento número 2 del citado libro, denunciaba, no sólo la gran distancia que tenían que recorrer para acceder a las autoridades encargadas de dirimir conflictos, sino también el nulo interés de éstas cuando se exigía su intervención. Palomino denunciaba que los funcionarios en cita preferían dedicarse a jugar cartas y otros menesteres, antes que atender a los indígenas que llegaban pidiendo intervención.

No es lejana esta situación con lo que acontece hoy día cuando algún maya se sitúa frente a la jurisdicción estatal. Además del desmantelamiento de sus propias instituciones de resolución de conflictos, los mayas tienen que enfrentarse a un sistema que los discrimina y los excluye. El caso de don Ricardo Ucán, que tuvo que llegar a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para obtener algo de justicia, nos recuerda que, con otras formas y argumentos, la justicia actual, la de Jueces y Magistrados, sigue violando derechos básicos como el de contar con intérprete traductor (hay uno para cada 11 mil indígenas en el estado) y asesoría legal adecuada. Casos como el de don Ricardo de multiplican en todas las cárceles de la entidad.

RicardoUCan
Don Ricardo Ucán

Además del desmantelamiento de sus propias instituciones de resolución de conflictos, los mayas tienen que enfrentarse a un sistema que los discrimina y los excluye.

Francisco Palomino, en su trabajo de defensoría de indios, enfrentó diversas amenazas y encarcelamientos por parte de encomenderos y gobernadores, todos ellos afectados en sus intereses particulares. Exigir que se guardaran mínimas condiciones de dignidad y no explotación, denunciar los excesivos tributos que se pedían a los indígenas, fue motivo para que el aparato legal y político de aquel entonces intentará, a través de la difamación y la cárcel, obstaculizar esa labor de defensa. Así lo reseñan los documentos 3, 4 y 6 entre otros. Hace poco, el 3 de mayo de 2016, en Chablekal, un grupo de defensores y defensoras de derechos humanos fue detenido y alguno de ellos golpeado por documentar el violento desalojo que la policía estatal realizó a un nonagenario en esa comisaría maya de Mérida y que movió a la resistencia a ese pueblo. Dos meses después, a otro integrante de ese equipo le poncharon las llantas en Halachó mientras hacía labor de documentación en un caso donde se denuncia despojo a ejidatarios de ese municipio. Eso si nos vamos a lo local, porque a nivel nacional o internacional, la agresión a quienes defienden el espacio territorial comunitario cuesta la vida. Los casos de Bety Cariño en México o Bertha Cáceres en Honduras son muestra de ello.

SSP_Chablekal
Elementos de seguridad pública en Chablekal

Quisiera terminar con dos reflexiones finales:

La primera: Me parece que, si bien el libro que hoy se presenta exhibe la importante labor que Palomino tuvo como defensor indígena, y la documentación de graves violaciones a lo que hoy llamamos derechos humanos de comunidades y pueblos originarios, también lo es que siempre queda la duda sobre si el interés de Palomino por la defensa de los originarios era legítimo o, si tras la denuncia sistémica de estos actos, sin duda oprobiosos de encomenderos y mercaderes, subsistía algún otro interés que poco tenía que ver con la causa indígena. En ese sentido, uno de los aprendizajes más importantes en la defensa de los derechos humanos, al menos para quien suscribe, es que, si bien hay que ponerle nombre y rostro a quienes representan o encabezan acciones de denuncia o resistencia al actuar arbitrario del poder, también lo es que resulta peligroso idealizar. De mártires y héroes de barro está hecho el camino al infierno. Eso pasa por recordar también que la labor de los individuos en la defensa de los derechos humanos es fundamental, pero la de los colectivos es imprescindible.

La segunda es que, más allá del indudable valor histórico, cultural y antropológico que los documentos plasmados en el libro tienen, el acceder a su conocimiento nos permite hacernos cuando menos una pregunta trascendental. Sin dejar de admitir que existen avances notables en la afirmación de los derechos de los pueblos originarios, también es importante reconocer que muchas de las situaciones de discriminación y exclusión denunciadas en su momento por Palomino siguen intocadas. ¿A qué se debe entonces que a más de 500 años de la llegada de los españoles y del inicio del período llamado colonial persistan estas situaciones?. Sin duda es una cuestión que llama a la reflexión, no sólo para quienes trabajamos en la defensa de los derechos humanos, sino para toda aquella persona que considere odiosa la persistencia de exclusiones cimentadas en un racismo impropio para nuestra época, a la que muchos han denominado “ la era de los derechos”.

 

[1] Palabras pronunciadas en la presentación del libro realizada el 26 de julio de 2016 en Foro Amaro, Mérida, Yucatán.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s